Van ciegos los políticos al destino,
como va mi pueblo hacia el confín
en que la línea pierde su camino
y es, más que trazo, idea, y vive sin
asideros al aire: serpentino,
enlazado estallido en polvorín,
como el joven Cuerveño vio cuando vino
al pueblo de los despropósitos-delfín.
Al pueblo de los despropósitos iremos,
en su estallido nos despertaremos,
su reverberación nos dará vida:
lo blanco de su piel estremecida,
su balsa de Medusa ya sin remos,
nuestro ser dará a una línea encendida,
la bóveda sin luz en que nos vemos.
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